jueves, 21 de marzo de 2013

La certeza oculta

De repente un día despertó y todo estaba igual, tediosa y aburridamente igual. Pero todo era diferente. Se puso en marcha como un resorte, completamente automatizada, y comenzó con su rutina diaria. En algún punto entre preparar el café, sacar a los perros, ventilar la casa, preparar el desayuno para dos, consultar el correo y leer cuatro titulares en el ordenador, cargar el teléfono, despedirse de su hombre, recoger el desayuno, ducharse, vestirse, arreglarse... En algún momento impreciso de esas escasas dos horas y poco, frente al espejo, algo se activó dentro de ella, algo provocó una conexión entre neuronas que le hizo vislumbrar la realidad al más puro estilo flashback de hollywood. De repente, estalló a llorar, casi sin saber por qué, destrozando el proceso de chapa y pintura que aún estaba a medias. Lloraba y se sentía estúpida porque no sabía por qué. No. Lloraba porque se sentía estúpida y sabía muy bien por qué. No había querído verlo. Durante mucho tiempo tuvo esa certeza dentro, pero sin asomar. Como uno de esos virus que los coges y  durante una semana están dentro de ti, incubando, preparándose en la oscuridad de tu sistema para dejarte bien jodida una semana postrada en cama. En el fondo, hacía meses que lo sabía, y mucho antes lo había intuído. No obstante, había preferido relegar ese pensamiento, ese pequeño detalle que podría –o al menos debería– cambiarlo todo. Era como si algo en su interior le dijera al oído que mientras no le pusiera nombre, no tendría forma tampoco. Como si por no nombrarlo, no hablar de ello, o incluso no pensarlo, dejara de existir o no fuera real, como un mal sueño, que no quieres ni contarlo para que se te olvide lo antes posible. 

Entonces, entre lagrimón negro y lagrimón transparente, entre sollozos infantiles y sorbidas de mocos, se vió reflejada en el espejo, diferente, desconocida, patética, difusa. Entonces supo que ya había sido suficiente. El tener ese secreto guardado dentro como un tesoro, se había convertido en una maldición, le había envenenado por dentro, y ahora lo estaba pagando. Ya no tenía sentido seguir ocultándose la verdad, continuar una farsa que la quebraba por dentro.
— Ya no me quiere.

"Ya está, ya lo he dicho.". El hechizo protector se había roto, había recitado las palabras mágicas frente al espejo, como esperando algo, como en esos juegos infantiles en los que invocas a una niña de cuarto curso muerta en extrañas circunstancias. Ahora ya no lloraba. Miraba fíjamente a su reflejo, y éste le devolvía la mirada. Estaba horrible, pero estaba serena. Suspiró. Se lavó bien la cara, volvió a ponerse una generosa taza de café aguado recalentado y se sentó poco a poco en la mesa del salón, como si estuviera débil. Se quedó inmóvil por espacio de varios minutos, o puede que siglos, no se dio cuenta. Ahí estaba, pálida, petrificada, inmóvil con la taza humeante entre sus manos, mirando a través del vapor a la nada. Su mente también parecía congelada, no pensaba, no reaccionaba. A la vez, en su mente había una actividad desenfrenada, un desfile ominioso y cruel de recuerdos, fotogramas, momentos concretos y a grandes rasgos que paseaban frente a sus ojos aleatoriamente, flotando en su retina que se humedecía poco a poco. Se quebraba. Algo dentro estaba roto, y estaba rompiendo todo lo demás. Dolía mucho. Sentía dolor, decepción, amargura, desprecio, confusión, nostalgia, miedo... Sentía tantas cosas que ya ni sentía. Vacío. Toda ella era vacío ahora. 

Suspiró, quiso echar un traguito al café y cuando ya bajaba por el esófago se dio cuenta que no llevaba leche ni azúcar. Le dio igual, lo dejó ahí con el único trabajo de calentarle las manos mientras todo lo demás le parecía cada vez más frío. Era casi verano, pero daba igual. Ahora sencillamente, no sabía qué hacer. Recordaba cómo se conocieron, cómo surgió la chispa, el momento en que todo cambió y supo que ya nada sería lo mismo. Le vino a la mente lo angustiada que estuvo cuando pensaba que nunca sería suyo, la alegría cuando él dio el primer paso, el calor del primer beso. Pensó en muchas cosas. En los buenos momentos, en los malos. En los últimos tiempos. La comparación fue odiosa. Fue algo tan lento y progresivo que al principio simplemente pensaba que era cansancio, enfado, estrés, despiste... Pero poco a poco todo se fue desgastando y deshaciendo.
Cuando le hablaba, ya no había cariño en su voz. Le miraba, y no había la ternura que antes hubo. Había que mendigarle y sobornarle los momentos de mimo. Ni siquiera era capaz ya de abrazarla cuando ella tenía un mal día, tenía el periodo, le habían puteado o simplemente cuando lloraba por llorar. No se preocupaba por ella, no se interesaba en si estaba bien, si necesitaba algo o por lo que pasaba por su cabeza. Llegaba, le preguntaba por su día y se ponía automáticamente a hacer sus cosas sin escucharla apenas. Ya nunca le escuchaba. Ya no quedaba nada de aquellos detalles que antes tenía, volver con una florecilla del trabajo, aún que fuera robada de algún jardín, llevarle por sorpresa a cenar, al cine o acurrucarse en el sofá viendo una película cualquiera. Lo que más le dolía, no era que ya no hiciera todas esas cosas, porque a eso una se acostumbra, lo que más le dolía es que antes sí. Le dolía porque sabía que significaba que ya no le importaba, no le quería. Ahora es como si fuera una persona completamente diferente. Ya no queda nada de la persona que era cuando se conocieron, y aún pecando de cursi, ya no reconocía en él al chico del que se enamoró.

Se odiaba. En un momento pasó por todos los estados posibles. Primero la negación: intentó decirse que había sido una estúpida, que estaba exagerando y nada de eso tenía sentido. Luego estaba enfadada, furiosa, se sentía tonta, humillada. Llegó a pensar incluso en que tuviera una amante por ahí escondida a la que se tiraba a sus espaldas, aún sabiendo que no es su estilo. Entonces, se sentía culpable y pensaba cosas como "es culpa mía", "igual si yo hubiera..." o "quizás si hubiera dejado de...", como buscando el por qué de las cosas. Más tarde se hundió en la miseria, supo que ya no podría retener estas cosas dentro, que tendrían que tener LA conversación, y sabía a ciencia cierta que no se equivocaba. Suponía que él aún no la había dejado porque llevaban mucho tiempo juntos, por no hacerle daño, porque estaba a gusto, por miedo al cambio o ves a saber. Lo que tenía claro es que ya no le quería, ya no era feliz con ella, y si ella se lo decía, ya no lo iba a ocultar más, no lo negaría y llegaría entonces lo peor, lo inevitable: la ruptura. No podía con esa idea, le horrorizaba, la mataba de dolor y de miedo. No quería estar sola. No quería echarle de menos. No quería cruzárselo en el centro, del brazo de otra mujer, haciendo lo que ellos hacían, siendo felices como lo fueron ellos juntos. Sentía que se le venía el mundo encima y que estaba acabada. Su vida se desmoronaba ante sus ojos rojos y llorosos. Lloró y lloró durante horas. Se pasó al sofá, y para acabar de cumplir con el tópico más patético del mundo, se zampó lo que quedaba de helado de stracciatela y siguió llorando viendo fotos, vídeos, abrazando viejos regalos y un largo y penoso etcétera.

Al final se quedó dormida, y despertó agotadísima, con un dolor zumbante en la cabeza como de resaca de helado y llantera. Estaba entumecida como si le hubieran pegado una paliza, uno de los perros dormía a sus pies en el sofá, el otro tomaba el sol en el balcón. Se incorporó y se quedó largo rato acariciando al animalito y contemplándolo a él, al otro, su salón, sus cuadros, los discos de música, las películas, los marcos de fotos, los pececillos... Entonces llegó, como una revelación, el quinto estado. Aceptación. Sabía que no iba a ser fácil, que le esperaban muchas noches frías y solitarias llorando, buscando por qués y excusas y culpables y soluciones y finales alternativos y... Y abandonarse, llorar, distraerse, retomar viejos hábitos y amistades, volver a salir al mundo exterior, reinventarse, renacer y vivir. Se levantó algo culpable por no haber abierto esa mañana la tienda, era una irresponsabilidad. Aprovechó para ponerse a limpiar un poco y empezar la comida, mientras iba repasando su inventario mentalmente y repartiendo ya las cosas. Al final, se entretuvo tanto que ni se dio cuenta de la hora que era hasta que él entró por la puerta. Se saludaron con el beso de rigor automático de todos los días, le dejó cambiarse y darse una ducha mientras servía la comida, tal como hacía él todos los días con la cena. Se sentó y respiró hondo intentando calmar la estampida frenética y salvaje que tenía lugar bajo su pecho. Cogió todo el valor y dignidad que pudo reunir y le miró fijamente a los ojos cuando él se sentó frente a ella y empezó a coger los cubiertos.
— ¿Qué tal el día? ¿Mucha gente en la tienda?
— Pues verás...    

viernes, 18 de febrero de 2011

Epístola

Querido Andrés...

Ciertamente, ha pasado ya mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. He de reconocer que ya apenas te recordaba, y lo lamento. Pero es cierto que en su momento me hiciste mucho daño, y espero que entiendas el inmenso esfuerzo que tuve que hacer para superarlo y seguir adelante. Me costó lo mío, pero tal como me dijiste, soy fuerte, y pude reponerme no sin sufrir lo indecible.
Ahora mismo, me es imposible decir porqué me enamoré de ti, que es lo que vi en ti ni por qué llegué a pensar que podría ser feliz a tu lado. Estaba dispuesta a dártelo todo, y a lo grande, sin
peros y sin miramientos: todo. Con el tiempo, a medida que lo superas y los sentimientos se disipan, ves las cosas de otro modo. Hoy puedo decir con seguridad que hubiera sido un gran error darte todo mi amor, mi cariño y mi ser a ti, y seguramente hoy no sería más que un despojo, los restos de la persona que una vez fui, completamente desecha por haber entregado mi ilusión y mi vida a alguien que no lo merecía. No me mal interpretes, sé que puede sonar rencoroso, pero no es así, lo juro. No te guardo rencor, puede que incluso te recuerde con algo de ternura, porque realmente mis sentimientos hacia ti siempre fueron sinceros y, sobre todo, inocentes. Me costó aceptarlo y asimilarlo, y me dolió mucho. Sufrí. Pero ahora veo que fue para bien. Ahora soy más fuerte, aprendí de los errores, y lo que es mejor: encontré un amor de verdad, de los buenos, de los que sientes dentro de ti con la fuerza de un huracán, pero que no te ahogan como cuando te quise a ti. He encontrado un buen hombre, me ha dado felicidad, amor, una vida plena y satisfactoria, y lo que es mejor: me ha regalado lo más preciado del mundo, Raulito, mi hijo.
No te voy a mentir, no deseo que las cosas hubieran sido diferentes entre tú y yo. Y leyendo tu carta, comprendo lo que te ocurre. Después de tus últimos desengaños amorosos, en los que tú has sido el dolido, el humillado, el abandonado... después de estar en mi lugar me has comprendido al fin. Después de estos años has apreciado el valor del amor que te ofrecí. Realmente tienes razón, hubieras sido más feliz conmigo que con ninguna de ellas. Pero a mi no me quisiste entonces, y ahora desde luego, yo no te quiero.
Te diría con la mano en el corazón que podríamos ser amigos, pero dudo que fuera posible. No recuerdo muchas virtudes tuyas, y no quiero que suene a reproche, pero ahora, sin estar cegada por unos sentimientos desbocados, creo que no hay nada compatible entre nosotros, ni siquiera para una simple amistad.

Me apena tu situación, y de verdad deseo que lo superes y encuentres alguna vez el amor de verdad. Ojalá encuentres a una mujer que te quiera y quiera entregártelo todo, como yo quise una vez, y ojalá sepas verla a tiempo, la reconozcas como la mujer de tu vida y no cometas los errores del pasado, de la juventud. Cuando la encuentres no la dejes escapar,
creeme, vale la pena.

Cordialmente, Carla.


Biffy Clyro - Machines
||_†τåммч†_||

viernes, 4 de febrero de 2011

Dramatismo

Hoy, quiero escribir una historia dramática. De esas que producen pavor y angustia al leerla, y alivio al pensar que es mera ficción, que no es tu vida, que no eres tú. Una historia de un frío día de invierno, a grados bajo cero, nieve en las aceras, coches y tejados, una vida que se quita y otra que se libera y huye para ocultar lo que ha hecho. Una historia primaveral de una relación que se rompe mientras muchas otras florecen. Una historia de calor veraniego, de vacaciones, aventuras y miedo. Una historia de un otoño oscuro, incierto, como una pesadilla, dónde todo sale mal y no hay salida. Quiero algo dramático. Algo que leas y te sientas realmente mal. Una historia de agonía y sufrimiento, de horror y desesperación. Alguna como mi vida misma, pero peor. Sentirme superior y ver que las desgracias ajenas superan las mías propias. Quiero dramatismo. Lo necesito. Porque sin él mi vida parece más vacía de lo que es.

Inspirada por Nando T.
||_†τåммч†_||

miércoles, 26 de enero de 2011

Error de cálculo

Primer error: la distancia. De repente se puso cerca, demasiado cerca. Tanto que sentía su olor y el calor que desprendía. Mal, muy mal. Ahí empezaron los nervios, y cuando yo me pongo nerviosa, todo es un desastre: sudores fríos, risa tonta... tembleques. Me vuelvo patosa. Me volví patosísima. Y lo tiré. Uno de los platitos del juego de café se me cayó al suelo como si mis manos fueran aire, estallando en cientos de pedacitos de porcelana blanca y cara entre nuestros zapatos. Me quedé helada. Como siempre, ya estaba haciendo el ridículo otra vez. ¿Es que no iba a poder tener una cita normal, ni en mi propia casa?

Nervios, vergüenza. Me quedé en blanco marfil. Por decir algo, por que de tan blanco que estaba ni me vino el color. Entre tanto él se agachó a recogerlos con un trapo, para evitar cortarse. Todo listo y práctico que es. Reaccioné cuando vi que estaba recogiendo el estropicio que había armado yo. Ya era demasiado el haber insistido en ayudarme con los platos, que ahora encima me limpiaba el suelo. Me agaché de prisa, casi sin mirar. Segundo fallo, esta vez, error de cálculo.

Yo no llevaba guantes ni trapo, y a la primera que fui a coger uno de los fragmentos me paró la mano, por miedo a que me cortara. El caso es que me asustó, y le miré. Pero estaba muy cerca, demasiado. Hubo un roce inesperado, un choque involuntario. Mi boca con la suya. Fue embarazoso, y la respuesta lógica de mi cuerpo: apartarse.

Me levanté y me quedé como en babia unos segundos, como traumatizada, apoyada en la pica de la cocina. Entonces decidí ir a lo rápido y acabar con todo: fui a la coladuría a por la escoba, así cuanto antes acabemos con esto, mejor, pensé. Lo recogí y tiré los restos de la cara porcelana a la basura. Había tensión, silencio, era incómodo. Entonces me quité el delantal, con expresión de derrota, dando por sentado que la cita había sido el desastre número 1000, y que había finalizado.

Y entonces el siguiente movimiento fue suyo. Había estado callado, como dolido, pero me daba miedo abrir la boca, por si aún era capaz de cagarla más. Se me acercó, me rodeó con sus brazos por la cintura y me besó. Sin más. Sin venir a cuento. Ahí si que perdí la cabeza. Lo demás es como estar en una nube. Acabamos en la cama sin comerlo ni beberlo, y después de un par de horas de arrumacos y jugueteos, además de otras cosas que no se deben contar jamás por mero pudor, nos quedamos abrazados en silencio unos minutos, desnudos bajo las sábanas.

Y ahí fue cuando me di cuenta de que lo había conseguido. Conseguí una cita, conseguí que terminara esa cita, y que tuviera un buen final. Lo conseguí. No hay más. Tantos años después de que me dejara tirada, había encontrado otro hombre capaz de entenderme y satisfacerme. De momento, sólo un año y pocos meses nos separan de esa noche, pero tengo la certeza de que pueden sucederles muchos más, porque este hombre ha cerrado lo que otro dejó abierto, y me ha enseñado que los errores, a veces,
son para bien.
||_†τåммч†_||

lunes, 22 de marzo de 2010

Todo se rompe



Lágrimas prisioneras de labios traicioneros que callan los gritos del alma y susurran sus lamentos. Cuándo todo se rompe y se apagan las luces, sus ojos se cierran, no quiere verlo, se evade de lo inevitable. Cuando todo desaparece, mira hacia otro lado, busca una excusa, intenta otra salida. Pero lo único que quedan son cristales rotos, una habitación a oscuras, y un ser humano dejando que de sus ojos broten inexorables las palabras que sus pensamientos sienten y su boca no se atreve a decir.

Nunca quiso ver la oscuridad, lo que ve, son los recuerdos de un pasado mejor que no volverá.
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Wow! Un año sin actualizar... mal mal!
PD: No se por qué pero no me funciona el gadget de los seguidores!

domingo, 17 de mayo de 2009

Reencuentro (Pt.2)

Tardó en contestar más de medio minuto. Ladeó la cabeza lentamente, dirigiendo su mirada atónita hacia mí. Eso sí que no había cambiado, su mirada. Vacía, melancólica y con un toque de ironía, una mirada penetrante que parece traspasarte, como si no estuvieras ahí. A veces daba la sensación de que miraba como si estuviera ciega, con esa seguridad impasible, ese tono indescifrable, enigmático, que tanto la caracterizaba. Me miró casi como si fuera un problema de física cuántica imposible de resolver. Supe entonces que la había dejado “cao”, creo que se sintió igual que yo, como si estuviera frente a un espectro del pasado, como cuando miras a alguien cara a cara, a través de un cristal, desafiante y sincero, convencido de que no te ve, pero lo hace y reacciona de igual modo. Después de ese lapso de tiempo, pestañeó lentamente, dejando entrever algo a medio camino entre una sonrisa furtiva a destiempo y una súplica de consuelo silenciosa.
- Hacía mucho que no te veía, estás muy cambiado ¿Qué haces por aquí? - Se recogió un mechón rebelde que escapaba de su coletero en lo alto de su cabeza, pecando de ser demasiado corto, que guardó con parsimonia tras su oreja izquierda, devolviendo la mirada a los niños.
- Lo mismo que tú supongo, intentar volver al mundo de los vivos… - Un silencio acompañado de una calada furtiva por mi parte, una mirada inquisitiva por la suya.
- ¿Cómo…? -Le tembló la voz, no la dejé continuar.
- He ido a visitarle, he visto las flores… - di otra calada rápida y escupí el humo hacia el lado opuesto, ocultando la expresión de derrota que sabía era incapaz de disimular- Nadie deja un ramo entero de rosas rojas perfectas, suelen ser claveles, o margaritas, casi siempre mustias cuando las veo…
- Entiendo… - Devolvió su mirada al frente, yo le clavé la mía.
- Hace unas semanas te vi salir del cementerio… Supuse que eras tú.
- La verdad es que me sorprende que estés aquí. Creía que sentirías repulsión hacia mi o algo. Sé que me culpas de todo, lo entiendo. ¿Qué haces aquí? – Su voz se quebraba ligeramente, me miró con una expresión más triste de lo normal, me faltó el aire.
- Odiar no sirve de nada. Eres tan culpable como todos los que caminan ahora por las calles de Palma. Simplemente, me preguntaba cómo estarías. – Mentí.
- Estoy bien. Estoy como siempre. Es sólo que hace más de un mes que volví a la ciudad, no he sabido nada de ti, por lo que supuse que tú no querrías saber nada de mí. Me sorprende verte. ¿Desde cuándo fumas?
- Desde hace tres años, más o menos… - Contesté sin pensar, pero enseguida advertí que la respuesta no le había sentado bien- . Sabía que habías vuelto, es sólo que estoy muy liado con el curro.
- Entiendo… - Asintió sin más, la veía sin ganas de seguir con la conversación y empecé a dudar de si había sido buena idea ir a buscarla sin tener claro qué decirle, sin tener ella nada que oír de mi.
Parte de Memorias del Olvido,
por Tammy Suárez.
||_†τåммч†_||

sábado, 9 de mayo de 2009

Sabor a piel




Se apaga la luz. La única claridad de la habitación son los destellos de la ciudad que en la madrugada queda solitaria y sepulcral a través de la ventana. Un fino reguero de luz atraviesa la estancia con rapidez por gracia de algún coche. Todo queda en silencio. Nos arropamos. Nos abrazamos. Pongo mi cabeza en su pecho, le rodeo con mis brazos y le siento. Siento el calor de su piel, el latir de su interior, la paz de su respiración, su olor, todo él. La cama es tan grande, sobra tanto espacio, somos uno sólo, tranquilo, dormido, justo en el centro. En silencio, besos y caricias. Sonrisas en la oscuridad de quienes se regalan a Morfeo con la seguridad y la tranquilidad de estar en el mejor lugar del mundo, entre los únicos brazos que quisieras estar. El mundo deja de girar, el tiempo deja de correr, todo se detiene, para dormir, para no molestar, para no interrumpir algo tan mágico, tan único, tan extraordinario. Palpar la felicidad con la yema de los dedos, impregnarte los labios del dulzor del cariño en estado puro, que sean las miradas las que rocen tu piel, a traves de la oscuridad y con los ojos cerrados. Saber que él está ahí. Saber que lo que tantas veces soñaste está ahí, tumbado, a tu lado, abrazándote, acunándote en el que sin duda es el mejor sueño que una persona pueda tener. Son sólo unas horas. Es sólo una habitación pequeña y una cama muy grande. Somos sólo dos personas. Pero para nosotros, para mi, es todo un mundo, todo un universo, lejos de cualquiera, dónde todo lo que hay es lo que nosotros queramos que haya. Dejar de existir en el mundo real, para empezar a vivir en el de los sueños. Es todo el regalo que una persona necesita. Estar ahí, con él, sin nada más. Solos. Abrazados. Dormidos. Sin nada más.

Dedicado a la persona que hace
que todos los días sean únicos y maravillosos:
Gracias por estos últimos dos años contigo.

||_†τåммч†_||

domingo, 3 de mayo de 2009

Reencuentro (Pt.1)

Tal como me imaginaba, allí estaba, sentada, absorta en sus pensamientos, sola, abatida, con la mirada perdida entre los juegos inocentes de una docena de niños jugando en el parque público, relativamente nuevo, que invitaba a jugar hasta a quienes dejaron la niñez décadas atrás. Lo cierto es que todos mis esquemas cayeron de golpe en el momento en que la vi. Creía que estaba todo bajo control, pero para no variar, andaba muy equivocado. Me paré en seco, me temblaba el pulso, sopesé las posibilidades y las consecuencias que tenía en aquel momento, mientras una oleada de dolorosas y desconcertantes imágenes de años atrás me invadían. Decidí que si había tenido determinación suficiente para llegar hasta allí, si había cruzado la intersección de avenidas en una de las rotondas más grandes de la ciudad, siguiendo su rastro ficticio, esperando un encuentro tardío, debía sobrarme valor para ir hasta ella.

Me acerqué en silencio, quizá temiendo haber perdido el juicio y haberla confundido, haberme precipitado o simplemente, hacer el ridículo. Sentía el pulso de mis manos ir por libre, el cigarrillo a medias tambaleando entre mis dedos, un escalofrío helado reptando por mi nuca, el pecho a punto de estallar en mil golpes secos. Cada paso era un mundo. La miraba fijamente, no se daba cuenta, seguía, como siempre, perdida en un mundo entre el físico y el imposible, lejos de cualquiera; poco a poco iba dibujando con más claridad los contornos de su rostro, recomponiendo su imagen. Había cambiado. Seguía igual. Aún hoy me es difícil discernir si era yo el distinto y ella seguía igual, o ella había cambiado pero yo seguía estancado en la sensación de continua tranquilidad que ella siempre me había evocado. Llegué hasta su banco, de tres metros de largo, pero vacío, estaba tan distante que por un momento temí que estuviera viendo un espejismo.
Cuando me senté, el banco estremeció en un par de crujidos ahogados, tímidos, me recosté en el respaldo, di una larga calada al ver que se había percatado de que un extraño estaba junto a ella. Supongo que era la última persona a la que esperaba allí. La observé largamente, sin saber bien qué decir. No era la primera vez que me pasaba, supongo que todo el mundo siente esas ganas tremendas de decir la verdad a gritos, de contarlo todo en pocas palabras, tanto que ensayan la misma imagen, el mismo diálogo una y otra vez mentalmente. Y ahí estaba yo, con tanto que decirle y sin saber cómo empezar. La miraba. La miraba y se me caían las palabras. Yo la odiaba. O eso me gustaba creer. Habían pasado tres años desde la última vez que la había visto. Tres años culpándola, tres años tratando de convertirla en un despojo del olvido, en el objeto de mis más profundos rencores. Sentí que todo se había desvanecido, ya no quedaba nada de lo malo, pero tampoco lo bueno. No quería recordar lo bueno.
-Te veo muy despistada…- fue todo lo que se me ocurrió para captar su atención, no había acabado la frase cuando ya me sentía el idiota más grande del mundo.
-No sé ser de otra manera…
Parte de Memorias del Olvido,
por Tammy Suárez.
||_†τåммч†_||

jueves, 16 de abril de 2009

Viejos poemas 2

Segunda parte de la recopilación de poemas.



Días de mar, tardes de sol.
Por el agua cristalina
que bailotea entre mis pies.
Por la suave y fina arena
que se desliza por mi piel.
Por la tibia y dulce brisa
que se enreda entre mis cabellos.
Porque siento tu mirada cuando me adentro
en este mar de sentimientos.

Adoro cuando tu voz
se mezcla con el rumor de las olas.
Amo cuando tus ojos
reflejan la calidez de los crepúsculos.
Me encanta cuando tu piel
se siente como el aliento marino.
Enloquezco cuando tus besos
saben a sol de dorada miel.

Te quiero, y quiero que nuestros días
sean siempre así: un día de sol y playa,
un gran mar sin fin.
Días de mar, 08/06/07


De esa sustancia embriagadora
que surge en los momentos de congoja.
Como ese turbio silencio harmonioso
de las horas de la primavera desoladora.

Oculto entre los suspiros del alma
y los pliegues hundidos del corazón.
Silenciado por los gajes de la decencia y el honor,
sujeto siempre a la avaricia y el autocontrol.

Son quejidos silenciosos
de los anhelos más inescrutados de tu ser.
Son como los monstruos de tu armario,
cuando creías ser su plato a comer.
Te ilusionan, te sugestionan,
pero una vez enciendes la luz no están.

Así son los sueños.
Únicos, dulces, sencillos, dichosos.
Abstractos a la vida,
encantadores en su belleza dormida.

Y tú...
Tú eres como ese turbio cielo azul:
claro, transparente y tranquilo.
Actúas como el cristalino mar azur:
constante, apaciguado y refrescante.
Eres ese cristal transparente,
dónde se condensa el fesco relente.
Eres esa ventana abierta, cálida,
dónde nace la vida,
dónde surgen los sueños
y aflora la melancolía.
Sueños, 23/06/07

Siempre recordaré
El último instante
El último abrazo
El último beso
El último momento
La última mirada
La última palabra
del peor Adiós de la historia.
Adiós, 10/07/07


Como todos esos cuentos de hadas,
fantásticos y maravillosos relatos alados
de caballeros armados,
de principes encantados
y princesas enamoradas.

Como todos esos seres encantados,
los antiguos castillos abandonados,
los soberbios bosques oscuros
y las aldeas resguardadas por altos muros.

Como toda esa fantasía que nos envuelve
cuando todo es ilusión.
Ilusión, 17/07/07

No mires atrás,
sólo camina sin pensar.
No te lamentarás,
sólo sube un peldaño más.
No dejes que la oscuridad que te envuelve
oculte tu camino,
arriba la luz permanece intacta,
inmaculada en su totalidad.
Sólo déjala entrar,
sólo deja volver la fé.
Escaleras arriba, 19/08/07

¿Quién no ha oído alguna vez
una de esas tristes canciones de amor?
¿Quién no escuchó
la típica historia de pasión incomprendida?
¿Quién no creyó algun día
ser uno de sus protagonistas?
¿Quién no deseó una sola vez
meterse en el pellejo de aquel doncel cortejando a su amada?
¿Quién no ha sentido
el fuego del amor en sus entrañas?
Canciones de amor, 08/10/07

Un camino...
Un camino para ir,
otro para volver.
Un camino para pasear,
otro por recorrer.
Un camino inexplorado,
otro abandonado.
Un camino, un adiós.
Un camino, un reencuentro.Un camino, al fin y al cabo,
es sólo eso: un camino.
Puedes recorrerlo de arriba a abajo,
o de abajo a arriba,
pero sigue siendo el mismo camino.
Exactamente los mismos pasos,
las mismas sensaciones,
los mismos recuerdos,
las mismas aspiraciones.
No hay camino de ida sin su vuelta.
Y no hay camino sin alguien que lo dirija.
De ida y vuelta, 09/10/07

Imagina.
Imagina que eres quien deseas ser.
Imagina que estás dónde quieres estar.
Imagina que todo está en calma.
Imagina que suena tu canción de fondo.
Imagina el olor salado del mar.
Imagina que no hay nadie más que tú.
Imagina que entra la luz más blanca que se pueda ver por tu ventana.
Imagina que entra la brisa y mece tus cabellos y las cortinas.
Imagina que todo está bien,
que no queda nada atrás,
nada por delante,
nada que recordar ni pensar,
no hay problemas ni alegrías.
Imagina que estás sólo tú,
dónde nadie más puede llegar,
dónde sólo tú puedes soñar, imaginar.
Imaginar, 02/11/07

Todo el tiempo del mundo
tenemos para querer,
para soñar,
para reír,
para pensar,
para avanzar,
para madurar.
Toda la vida tenemos
para vivir,
pero sólo un minuto
basta para sentir
lo que en toda una vida
podríamos desear.
Tiempo, 06/11/07

Siempre lo esperé.
Siempre te soñé.
Y siempre te he esperado,
siempre estuve a tus pies.

Toda una vida recordando.
Una vida para no vivirla.
Una vida esperando
algo que nunca se produciría.

¿Por qué te fuiste?
¿Por qué me olvidaste?
¿No fuiste feliz conmigo?
¿No valió la pena vivir soñando?
¿Por qué soy incapaz de vivir
sin preguntarme por qué te irías?

Siempre.
Siempre.
Siempre por y para ti.
Siempre guardando el recuerdo
de un momento mejor,
de una época feliz
que ahora parece no haber sido real.
¿Exististe alguna vez?
¿Me quisiste como yo lo hice?
¿Me recuerdas lo más mínimo?

Siempre.
Siempre.
Siempre recordando,
siempre luchando por mantenerte en mi memoria,
por tener tu recuerdo vivo en mi piel,
por no hacer desaparecer tu olor de mi pecho,
por no perder una esperanza ficticia,
por recordar tus dedos presionando las teclas de un viejo piano.

Siempre escuchando la misma canción,
la que tocabas tú,
la que más sensaciones provoca en mi,
la única que me recuerda a ti,
la que ahora suena sin sentido,
la que ahora toco con mis pies,
la que ahora suena.

¿Verdad que es absurdo
tocar el piano con los pies?
Tocar el piano con los pies, 17/11/07

||_†τåммч†_||

Viejos poemas 1

Recopilación de pequeños poemas y composiciones antiguos que subí al fotolog hace años. Como siempre, no son biograficos en ninguno de los casos. Son pequeñas gotas de inspiración influídas por alguna escena de una película, un párrafo de un libro, una foto cualquiera, o un momento del día. No son muy buenos, pero para el que le guste leer poesía de aficionados de baja categoría, tiene para un rato.






Llenos de luz,
Vacíos de sentir,
Huecos de sentido,
Hundidos en el vacío.

Así son tus ojos,
así tu mirada...
Y sueño con ellos,
con verlos aparecer
en la noche enamorada.

Así son tus ojos,
así tu mirada...
Y en cada lágrima que vierto
los recuerdo distantes
mientras tú te marchabas...

Porque así son tus ojos,
y así tu mirada,
y así quiero verlos
cada madrugada.
Amo tus ojos, 04/05/07

Quedó tanto por decir,
tanto por recorrer,
tento por sentir
y tanto por entender...
Que ya no sé si hicimos bien o mal,
si deberías haberte quedado,
o hice bien al dejarte marchar.

Pero no me arrepiento.
No lamento ni un solo segundo,
ni un solo beso,
ni una sola caricia,
ningún Te Quiero
mientras fuera tuyo.

Porque Lo fuiste todo
y aunque ya no quede nada
siempre estarás en mi interior
y siempre seré tu niña mimada.
Sin título, 06/05/07

Recuerdos...
Ya sólo quedan recuerdos.
Te busco y no te encuentro,
te miro y no te veo,
te llamo y no te siento,
te extraño y no te olvido.

Sólo son recuerdos.
Te fuiste,
te has ido.
No vuelves,
ni volverás.
Y aquí sólo queda esperar...

A saber de ti.
A encontrarte por ahí.
A soñar contigo.
A verte en fotos.
A revivirte en mi cabeza.
A quererte sin consciencia.Y ya no estás, 08/05/07


Bajo tus pies,
escondido entre tus sueños
atado a tus actos
y sujeto a tus deseos.

Un camino de esparanza,
una senda incierta,
una vereda desconocida,
una avenida inescrutada.

Allí dónde tus pasos te lleven,
allí dónde tus sueños acaben,
allí dónde tus ojos se cierren
y tu alma se quede.

Allí dónde tu destino se forje
y acaben tus amaneceres,
allí, dónde todo lo muerto renace.
Allí... acaba tu camino.
Caminos, 15/05/07

Todo se llena de colores.
Todos visten sus colores.
El aire transporta los colores.
El cielo disfraza los colores.
La lluvia enseña los colores.
Todo tiene colores.

Colores, colores, colores.

Y en mi mesita de noche siguen tus fotos
en blanco y negro, viejas, ajadas,
rotas por el desgaste del tiempo.

Y en mi mesita de noche, siguen tus fotos
esperando que con el tiempo vuelvas
y las llenes de vida,
las llenes de colores, colores, colores...

Yo sólo quiero tus colores...
Colores, 16/05/07

Rosas rojas, rosas rojas.
Color de amapola,
tacto de seda,
dulce aroma
que con tu recuerdo mojas.

Rosas rojas, rosas rojas.
Tal y como antaño,
subimos juntos cada peldaño
de esta turbia escalera
que con ilusión forjas.

Rosas rojas, rosas rojas...
Tal y como tu aroma,
Tal cual tu color,
Tan bonitas como tus flores
rojas, blancas, amarillas y rosas.
Rosas, 17/05/07

Mañanas doradas,
Tardes olvidadas,
Noches soñadas
de los momentos junto a ti.

El tiempo no corre
cuando tu recuerdo se apodera de mi.
Las horas pasan y no entiendo
por qué no estás aquí­.

Hace tanto tiempo,
tantos años,
tantos lamentos...
Y tantos te quieros.

¿Dónde estás ahora?
¿Qué ha sido de ti?

Tantos sueños rotos
y tantas esperanzas quebradas,
de que algún día volvieras
y no dijeras nada.

Pero hace tantos, tantos años...
Que ya no recuerdo tu olor,
tu dulce voz,
ni tus noches de abril.
Abril, 19/05/07

Algo tan sencillo,
tan normal,
tan típico ya en mi...

Siempre pensando
en momentos pasados
en recuerdos olvidados
en personas perdidas
y antiguas sonrisas.

Momentos
momentos de angustia,
de dolor,
de tristeza,
de risas sin igual,
de gracia incalculable.

Recuerdos
recuerdos únicos,
amargos,
olvidados,
tiernos,
pasados...

Personas
personas que fueron queridas,
que quedaron doloridas,
que te hicieron mal,
que te hicieron bien,
que siempre quedarán
y otras que nunca volverán.

Sonrisas
sonrisas compartidas,
efímeras,
solitarias,
melancólicas...
Simples sonrisas silenciosas...

Tantos recuerdos por no olvidar...
Recordando, 27/05/07

Recuerdo el cálido olor de tu pelo.
Recuerdo la dulce melodía de tu voz.
Recuerdo el borbollante ruido de tu risa.
Recuerdo el eco ostentoso de tus pasos
caminando por el empedrado suelo,
por las húmedas calles dónde me dijiste adiós.

Recuerdo cuánto significaste para mí­.
Recuerdo lo mucho que me gustaba estar junto a ti.
Recuerdo como atesoraba cada una de tus palabras,
las guardaba bajo mi almohada
y tu voz las repetía cada madrugada,
dentro de mis sueños tú me hablabas.

Recuerdo todas y cada una de nuestras mañanas,
nuestros saludos fugaces,
nuestros encuentros a escondidas,
nuestras miradas furtivas...

Recuerdo nuestras tardes.
A solas,
ya fuera en la playa
o en cualquier parque.
Siempre a solas.
Contigo.

Recuerdo aquellas noches en vela
hablando de trivialidades
con tal de no perdernos ni un solo parpadeo
el uno del otro.

Recuerdo...
Recuerdo, recuerdo y recuerdo.
Y sólo a ti te recuerdo.
¿Qué fue de mi vida?
¿Qué de mis recuerdos?
Has borrado toda identidad mía,
me has dejado sola en el inmenso vacío
de mis noches en pena
pensándote,
recordándote,
olvidándote,
queriéndote tanto como hace años.

-"Todo cambiará, y entonces ya no me necesitarás a tu lado...No me querrás a tu lado..."
-"Por mucho que todo cambie, que todo mejore o empeore...siempre querré que estés aquí­, que estés conmigo."
Olvidando, 30/05/07

Mentiría si te dijera
que no fuiste nada,
que nunca me importaste
o que no me marcaste.

Me miento cuando pienso
que yo nunca te quise,
que nunca debí conocerte
que nunca debí quererte.

Te miento cuando te reprocho
que no te extraño,
que no me culpo
y que lo he superado.

Pero también miento
cuando creo que todo está perdido,
que es mejor dejarte caer en el olvido,
porque ya no hay sentimiento.

Me miento, me engaño...
Y aún así­..
Sé que todo está mejor así,
porque siempre te dije que estarí­as mejor sin mi.
Mentiras, 01/06/07

Sólo mío.
Pese a quien le pese,
quieran o no.
Así es tu corazón.

Puro, cálido, entrañable,
Único e inigualable
como todos los momentos,
los abrazos, tus besos.

Todo tu corazón es perfecto,
todo tú eres perfección,
y sólo yo he logrado rozarlo
con la punta de los dedos,
cazarlo para ser el fruto de mis anhelos.

Sólo tú
y, sólo, tu corazón
hacen que todo florezca,
que lo muerto crezca,
que todo recobre la ilusión.

Tú.
Tus abrazos.
Tus besos.
Tus te quieros.
Y saber que son sólo para mi,
los hace eternos,
te hace sin fin.
Sólo mío, 06/06/07




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