jueves, 20 de abril de 2006

Locura en la Oscuridad

Entonces la mesa empezó a tambalearse, como si una fuerza extraña y paranormal la agitara violentamente, cogiendo luego los folios en los que la anciana había escrito todo lo que percibia de los niños, reduciendolos a añicos delante de los intrusos, que observaban impotentes. Era ella, al fin lo recordó, entendió todo lo que había sucedido, y cuando los otros marcharon, se quedó en el pasillo, junto a sus hijos, los tres abrazados.
-Al principio no podía entender que hacía la almohada en mis manos, ni por qué no os moviais. Pero luego me dije: ha pasado, he matado a mis hijos. Cojí la escopeta, apunté a mi frente y apreté el gatillo, nada...Entonces escuché vuestras risas en mi dormitorio, estabais jugando con las almohadas como si nada hubiera pasado y pensé: el señor y su infinita misericordia está dándome otra oportunidad diciéndome "no te rindas, se fuerte, se una buena madre para ellos...". Pero ahora...ahora... ¿Qué significa todo esto?¿Dónde estamos?
-Eso es lo mismo que dijo Lydia cuando comprendió que los tres estabamos muertos, y esa fue la última vez que habló, pero no he podido contárselo hasta ahora[...] Los intrusos se marchan, pero otros vendrán, unas veces los peciviremos, otras no, es asi como ha sido siempre, señora...
[...]
-Si estamos muertos, ¿dónde está el Limbo, mamá?
-Ni siquiera sé si existe el limbo, no sé más que vosotros, pero sé que os quiero, siempre os he querido y esta casa es nuestra...decid conmigo: la casa es nuestra...la casa es nuestra...[...] Nadie podrá echarnos de esta casa...


Fragmento final del thriller Los Otros,

de Alejandro Amenábar.

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