sábado, 17 de noviembre de 2007

¿Eres feliz?




"-Imagina. Imagina que, por un momento, todo es distinto. Eres quien deseas ser, te sientes bien, respiras hondo y te dejas caer. Sueña. Sueña que estás tumbada, despierta y relajada en cualquier campo, que dejas que el viento se lleve tus palabras, que el cielo sea el color de tus pensamientos, que el sol rocía de una placentera indiferencia la totalidad de tu ser. Déjate llevar. Deja que sea tu aliento el que dé vida a este mundo. Déja que tus cabellos sean como las olas del mar. Simplemente, no pienses, no seas, no existas. Mira hacia arriba, confúndete con las nubes, puras, blancas y flotantes. Vuela tan alto como puedas. Olvida tu voz, tu memoria, olvidate de todo por un pequeño instante y, simplemente, intenta ver, sentir, como te fundes con el mundo, con la inmensidad del cielo, con ese infinito tan abstracto como enigmático. Sólo cierra tus ojos y déjate caer, más allá del suelo, del mar y de la tierra, más allá de todo lo que crees saber.

-Es muy bonito, pero es imposible. No creo que pueda hacerlo, no ahora.

-Claro que puedes, sólo ten fe...¿La tienes?

-...¿En qué?

-En ti, boba, en todo lo que quieras. Házlo.

-...

-Y ahora, ¿eres feliz?

-..."



-Y me quedé dormida, no sé por cuánto tiempo. Cuando desperté estaba todo igual. El sol se empezaba a poner, el campo estaba en silencio, el viento se había difuminado, no quedaban nubes en el cielo y el tiempo parecía haberse paralizado. Me incorporé y miré a todas partes sin ver nada, no le veía. Me invadió el pánico, no quería pensar que hubiera sido capaz de dejarme allí sola, durmiendo y soñando con él.

-¿Y dónde estaba?

-No lo sé.

-¿No volvió?

-No... Le esperé hasta bien entrada la noche, por si había ido a pasear. Pero no volvió. Esa fue la última vez que le vi. La última vez.

-¿Y no le buscaste?

-No. Y él a mi tampoco. [...]Lamento mucho no haberle contestado.

-¿A qué?

-A que no era feliz si él no volaba conmigo.



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miércoles, 14 de noviembre de 2007

La historia de cuatro paredes


Era la casa de sus sueños. Todo un lujo para ellos. Era pequeña, pero acogedora. Constaba de una sola planta, dos habitaciones y un salón amplio, dónde a un lado estaba la modesta cocina, y al otro la ostentosa chimenea, sus paredes eran de madera, algunas forradas de piedra, dando el aspecto rústico que requería el paisaje de su alrededor, unos vastos prados de trigo dorado, colinas teñidas de naranja por la época y un cielo siempre despejado y claro. Las tierras no eran muy extensas, pero eran suficientes como para demandar una jornada extensa y propiciar el sustento de la familia. El establo era sin duda la parte más visible y grande de toda la propiedad. De dos pisos y al estilo americano, contaba con un depósito enorme de agua detrás de él, un pajar inmenso y ocho caballerizas pequeñas, con su pequeño almacén y una estancia mayor dónde arreglar los caballos. Recordaba bien que aquella era su parte preferida de la posesión, dónde más tiempo pasaba. Le vino a la mente miles de juegos que se inventaba él sólo mientras apilaba el estiércol de los jamelgos y les servía el banquete a los potros y yeguas. Le invadía la tristeza. Aquella casa fue la que le acogió en su dura llegada a este mundo, allí se crió, en aquél crujiente suelo carcomido aprendió a caminar, entre esas caballerizas jugó toda su infancia, labró esos campos de mozo y descubrió una modesta felicidad que tiempo atrás había olvidado. La casa estaba desolada, llena de polvo, rota por el abandono y empobrecida al no tener quien le diera vida. Tantas décadas habían pasado, tanto le había llovido, que parecía ser otra. Triste y arcaica, olvidada por completo después de haber dado cobijo a aquella humilde familia que tan bien la había tratado. Se le inundaban los ojos de lágrimas, aún le parecía oír el ruido del agua hirviendo en la cocina, creía que resonaban risas de niños, la suya y la de sus hermanos, acompañadas de sus pasos por el salón, los lamentos que surtían de la habitación dónde vio morir a su padre. Tantos, tantos recuerdos buenos y malos. En cada piedra había grabada una anécdota, en cada balde de madera un recuerdo, en cada silla el aroma de un miembro de la familia. En el fondo, no podía evitar ver las dos imágenes a la vez, una sórdida comparativa de un antes y un después, de las dos etapas de su vida completamente contrapuestas.

El aire viciado le hizo marearse, tuvo que salir a sentarse en los dos escalones rotos de la entrada a tomar aliento. Aún quedaban algunos juguetes rotos, hechos de madera y palos de hierro por las mismas manos de su padre. Miró al cielo, completamente desolado. Todas sus aspiraciones de derribar la casa para vender el terreno al mejor postor parecían desvanecerse por momentos. En el fondo, pensó para sí que no podía hacerlo, sabía que no debería haber ido a recordar tan bien como que no hubiera sido capaz de venderla sin volver a visitarla. No tenía ni idea de qué hacer. Sacrificar su pasado por un presente mejor, o dejar estar las cosas tal y como estaban para conservar la casa dónde se crió. Al fin y al cabo, siempre fue un hombre de campo, nunca tuvo riquezas ni lujos, y nunca los ansió. Simplemente recordó la promesa que le hizo a su padre en el lecho de muerte días antes de expirar. Simplemente se sentó a recordar a su familia, su vida, el esplendor de su casa en tiempos mejores. Solamente recordar. Solamente él y la casa de sus sueños.


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lunes, 29 de octubre de 2007

Encuentros bajo la lluvia




Bajo la lluvia, en el rincón más olvidado de aquel viejo parque, la encontré sola, estallando en mil sollozos solitarios, encogiendo todo su esplendor en el extremo de un banco desgastado por el paso del tiempo. La observé detenidamente, miré hacia todos lados esperando encontrar a alguien que respondiera por esa pequeña e indefensa criatura de la naturaleza. Nadie había por allí, nadie más bajo la lluvia aparte de ella. Nadie excepto yo. Y me senté. Dejé caer todo mi peso en aquel banco, haciendo resonar sus viejos baldes de madera semi carcomida sin dejar de observar el esplendor de su belleza. No hicieron falta palabras, su aspecto deteriorado lo decía todo. Estaba mustia, pálida y triste, pero seguía rezumando ese precioso aroma embelesador que perfumaba la atmósfera con ese carácter dulzón. Las diminutas gotas de la fina lluvia de abril la golpeaban suavemente sin cesar, sin conseguir que su frescor y humedad hicieran mella en ella. Estaba sola, aburrida, triste, desolada, abandonada, pero no muerta. Su belleza, su pureza, estaba intacta, su aroma permanecía aún después de haber pasado horas bajo la lluvia, a pesar del olor a tierra mojada y las inclemencias de un tiempo inestable. Mientras la observaba completamente maravillado por tal imagen, no paraba de preguntarme qué hacía allí, sola, quién la habría abandonado y por qué. Era irónico, siempre preocupándome por las más sórdidas catástrofes mundiales para que, en ese momento, se me ocupara absolutamente la conciencia pensando en ese pequeño ser vivo que pronto dejaría de serlo. La cogí delicadamente con las yemas de mis dedos y aspiré profundamente su perfume acercándola a mi cara. Luego la miré con ojos de tierno enamorado y sentí como una tristeza me invadía por dentro. Ella, reina de reinas, la flor más bonita de toda la creación, el perfume más encandilador del mundo, acompañante de infinitas historias de amor y amistad, diamante que adorna de los jardines más hermosos que se puedan imaginar, se veía ahora reducida a cuatro pétalos mustios unidos débilmente a un tallo escuálido de tristes hojas roídas. Recordé cual fue la última vez que me encontré con una flor como aquella, tan perfecta y hermosa. Recordé que la última vez que tuve una de ellas en mis manos fue en aquel mismo parque, entre aquellos arbustos tan bien podados, con enormes charcos entre las piedras de los caminos salpicados con bancos viejos y carcomidos. Y recordé también, que en aquella ocasión la rosa acabó en el suelo encharcado, bajo la lluvia, y allí la dejé. Supongo que fue por esa razón por la que decidí dejar a aquella preciosa flor blanca en el mismo sitio dónde la encontré, lidiando contra el tiempo y el olvido de unas manos inclementes que la abandonaron a su suerte en el rincón más olvidado de aquel viejo y obsoleto parque.
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sábado, 13 de octubre de 2007

Miedo a las alturas

Miedo. Todos sabemos lo que es. Esa inquietante sensación que te recorre todo el cuerpo, que te hiela la sangre en cuestión de segundos, que estremece todo tu ser y apacigua toda razón ante el auge de nuestras percepciones sensoriales. No hay ser humano que no sienta ningún tipo de temor: a la muerte, al compromiso, a arriesgar, a la soledad, a la oscuridad, etc. Hay miles de miedos distintos, algunos irracionales, otros justificables y otros propios de nuestra condición humana. Hay a quien le da miedo avanzar, a otros recordar...y a muchos les dan miedo cosas cotidianas, como el temporal o las alturas. ¿Por qué este tipo de miedos? Tomando como principal ejemplo el vértigo, o el miedo a estar muy elevado del suelo, podríamos pensar que es algo totalmente racional, ya que es producido por y para nuestra mente. ¿Alguien se ha planteado por qué no puede subirse a lo alto de unas escaleras móviles sin marearse? Puede que la clave del temor, esté en mirar hacia abajo, ese gran tópico de que, si no observas el tremendo espacio que te separa los pies del suelo, no tienes por qué temerlo. Pero aún así una persona siente ese temor habiendo mirado hacia abajo o no. ¿Intuición, instinto o sugestión? Quien sabe. Puede que el problema se deba a la lógica que le planteemos. Pongamos por ejemplo una escalerilla móvil de cinco peldaños, que debe subir una persona con un pánico horrible a las grandes distancias del suelo. Subir al primer peldaño no le asusta, al segundo tampoco, el tercero un poco más, el cuarto podría subirlo agarrándose a algo y con gran esfuerzo, pero nunca subiría al quinto. ¿Por qué? La distancia del suelo es mayor que la correspondiente a los otros peldaños, es cierto. Pero seguro que si quitáramos ese quinto balde de la escalerilla, sería al cuarto al que no lograría subirse, si quitamos el tercero, al segundo, y así sucesivamente. La clave, pues, estaría en pensar que sólo hay que subir un único peldaño, y que todos los demás peldaños del mundo están por delante. Pues no hay escalera conocida que pueda llegar a chocar con un avión en pleno vuelo.



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sábado, 6 de octubre de 2007

Un final para el principio


Era tarde, muy tarde, ya hacía rato que había anochecido y sabía lo que le pasaría al llegar a casa: papá estaría tirado en el sofá, mirando alguna película de terror sin percatarse si era su salón o el del vecino; Marie, Lucy y el resto de la familia estarían a punto de acostarse y, lo peor, mamá estaría aún en la mesa de la cocina, con su plato frío, esperando para echarle la bronca.

Mientras caminaba a paso descuidado, la pequeña suspiraba pensando en la recompensa que su madre le regalaría por haberse escapado de casa. Se puso a pensar en muchas cosas de camino a casa: sus secretos, sus sueños, sus vivencias... y cayó en la cuenta de que había cosas nuevas, que nunca antes había reparado en ellas. Y es que algo en ella estaba cambiando. Seguía siendo una niña, así es como la veían todos, y así la vieron siempre. Nunca le había molestado que la trataran como tal, porque ella también se sentía una niña. Pero ¿y ahora? ¿Qué había cambiado? ¿Por qué de repente no le gustaba que la trataran como a una niña? Sin saber por qué, pensó que ya no quería que los demás controlaran su vida, su manera de pensar y de actuar. Por primera vez, quiso hacer algo distinto, quiso emprender un nuevo camino dónde sólo ella pudiera decidir.

"Puede...que sea cierto, que sólo tenga 11 años, que me quede mucho por delante y que tenga mucho que aprender. Pero... si tengo que aprenderlo yo, ¿por qué no puedo hacerlo a mi manera?" pensó. No quería volver a casa, no quería enfrentarse a un padre indiferente que se había perdido todo el proceso de crecimiento y aprendizaje de sus hijas, no deseaba ver a esas odiosas hermanitas mayores que se pasaban el día metiéndose con ella, no soportaba la idea de que sus abuelos y tíos la trataran como a un bebé de tres años. Y mucho menos iba a desear que su madre le echara la bronca.

Por un momento recordó las palabras de su abuela: "Llegará un momento, uno muy corto, casi como un suspiro, en el que te darás cuenta antes que nadie de que ya serás alguien. Algún día sabrás lo que quieres, y sólo tú podrás hacerlo.". Y así fue como Chloe hizo caso a las palabras de su abuela. Cambió el rumbo de sus pasos, en lugar de continuar caminando por las largas calles llenas de casas unifamiliares dónde reinaba la felicidad, decidió irse al parque, introducirse entre los caminos de piedra, entre aquellas inmensas secuoyas centenarias. Fue allí dónde pasó su primera noche como una persona "libre"-como se definió a partir de ese día-, y allí fue dónde, acompañada de esos sabios y esplendorosos árboles, la niña creció y se convirtió en una mujer en su interior, aunque para los demás siguiera siendo sólo una niña de once años.

Aunque para el mundo sólo fuera una persona más, una niña de familia humilde, una estudiante de primaria de notable bajo, una hermana menor a quien tomar el pelo, una hija a quien castigar o una nieta a quien mimar. Era una mujer dentro de una adolescente, una más.

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viernes, 13 de julio de 2007

Sólo una palabra...



No sé cómo expresar, cómo describir, cómo decirte todo lo que aguarda en mi interior, dormido y silencioso, esperando el momento de salir. Son sentimientos únicos, sencillos y plenos, que anhelan con ansias convertirse en las palabras indicadas que puedan llegar a ti. Siempre quise saber qué era estar así, si algo tan perfecto podía existir, si yo era capaz de sentir algo tan puro y tan fuerte por alguien. Siempre me pregunté si algún día llegaría a conocer esta sensación. Y nunca imaginé que cuando toda esperanza cayera fulminada ante el tiempo y el olvido, tú aparecerías y conseguirías la hazaña más hermosa y sincera que nunca nadie logró realizar en mi interior. Te siento a todas horas dentro de mi, vaya dónde vaya todo me trae recuerdos de ti, del sonido de tu voz, tu dulce aroma, tu piel tersa y clara, absolutamente todo lleva tu esencia. Tu presencia me persigue allá dónde vaya, en cada esquina, en cada rincón de cualquier calle dormida, en todos y cada uno de los recobecos de mi alma gris, siempre estás, siempre tú, siempre conmigo. Y sé que sería absurdo tratar de negar tantos sentimientos ocultos. Sé que no valdría la pena pensar que sólo eres uno más. Sé que eres el único que quiero en mi vida. Desconozco esta situación, la sensación de querer con toda mi alma y todo mi ser a quien está a mi lado, a quien camina cogido a mi mano, a quien llama a mi puerta para verme sólo 5 minutos. Nunca imagine que serías tú el primero de tantas cosas, no físicas ni sexuales, sino del alma. Ahora sólo sé que todo lo que quiero lo tengo contigo.

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sábado, 9 de junio de 2007

Verano




Verano. Luz. Sol. Tranquilidad. Soledad... Mar.

Tres meses. Sólo tres meses al año. Y hacen más que los otros nueve. ¿Por qué? Los días son vacíos, el tiempo se detiene, el ruido desaparece. Sólo quedas tú. Sólo quedo yo. El sueño se prolonga, los ojos se alisan, la piel se dora a los cálidos rayos del sol. Los cabellos se mecen al compás del viento, los pies bailan la melodía infinita de las olas. Aquí sentada, a la orilla del agua, pensando frente al mar. Aquí todo se detiene en ese momento efímero en que el mar y el cielo dejan de confundirse. Aquí se para todo cuando se atisban los tibios y resplandecientes rayos del sol, emergiendo desde el horizonte, aguardando entre las olas un nuevo anochecer. Aquí sentada todo está bien. Y tarareo mi canción, nuestra canción, y sonrío ante el infinito océano abierto ante mi, incitandome a entrar en sus corrientes de sueños sin fin, de esperanzas y lágrimas de soledad. Cierro los oj
os y el olor a sal me reguerda tu aroma, palpo la fina arena y me recuerda el suave tacto de tu piel, la brisa me trae tus caricias... y me encantaría que estuvieras aquí, sentado, conmigo frente al mar. Solos tú y yo. Solos nosotros y el mar. Solos los tres frente a la eternidad. Y aunque ya no estés aquí, siempre habrá mar para recordar. Siempre quedarán lágrimas para salar sus aguas. Siempre quedará arena pera acallar la pena. Siempre me quedarás tú cuando vuelva a este lugar. A perder las miradas entre las olas, a regalar mis esperanzas al sol. A olvidar el olvido en el mar.
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For what is worth, I love you...And what is worse, I really do...

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sábado, 28 de abril de 2007

Confusión



¿Y ahora? ¿Qué ha pasado ahora? ¿Qué es lo que te trae por aquí a estas horas? ¿Qué te lleva a volver al único lugar dónde puedes desahogarte? Todos te quieren, todos te admiran y te apoyan...todos están contigo. O eso aparentan. O eso dicen... Podría decirse que lo tienes todo, porque en comparación con otros, no has salido tan mal parado. Entonces, ¿por qué te quejas? ¿Qué es lo que te impide adaptarte a la norma? Deja de pensar, aquí no hace falta que lo hagas. Deja de actuar, aquí nadie te juzga por mostrar que todo esto te afecta. No lo soportas, no lo aguantas más. Te hieren y los hieres. ¿Por qué? Quizás sea un simple odio infundado, fruto del sabor amargo de la desesperación por la decepción. Igual sólo se trata de un simple complejo. ¿Estás acomplejado? ¿No te sientes bien por no poder ser como ellos? No... te molesta. Te molesta mucho. Porque tú te esfuerzas, te esfuerzas en abrir las puertas mejor cerradas de tu interior, te empeñas en estar a la altura de lo que tú consideras digno. Pero ellos no tienen la misma percepción que tú de esa palabra. A ti lo que te molesta es que mientras tú crees en la sinceridad, ellos sólo conocen la mentira y el engaño. Odias su egoísmo porque tú eres sencillamente incapaz de mirar hacia otro lado. Te fastidia enormemente su aciaga costumbre de juzgar a la ligera, de hablar sin saber, de actuar sin pensar, de ultrajar por ultrajar. Porque todos te quieren, todos te adoran, te admiran y te respetan. Pero por muy bonitas que sean sus palabras, tú estás solo, y tú eres distinto a ellos, porque ellos son escoria, tú sólo intentas ser algo mejor de lo que ya eres, y ellos intentan impedirte conseguirlo. ¿Podrás con ello? ¿Aguantarás la carga que conlleva el saber que las personas que "te quieren" son las mismas que te oprimen y no quieren que seas tú? ¿Aceptarás que "te hieren" porque "te quieren" sin volverte loco?

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jueves, 5 de abril de 2007

Lágrimas




Porque cuando no sabes hacia dónde ir, te sientes sola. Porque cuando das pasos en falso y te quivocas, estás sola. Porque cuando ves que todo esfuerzo ha sido vano, la culpable, eres tú. No hay más. No hay nadie más. Nada cuenta, nadie lo intenta. Al final todo vuelve al principio. A ti. Estás sola. Y no hay más. Te has equivocado mil y un veces, te has cansado mil ocasiones más, te has hundido cuanto ellos han querido. Has perdido tu fe, tu alegría, todo. Te has perdido a ti misma. No te queda nada. No sabes hablar, no puedes caminar. No sabes nada. Todo contador vuelve a cero. Y tú estás sola. Estás hundida, destrozada, humillada, cansada, pero sola, y nadie ni nada podrá cambiarlo. Intentarán venir, intentarán saber el por qué. Intentarán que te sientas mejor, que olvides, que sonrías. Tratarán por todos los medios ser alguien para ti. Pero cuando realmente los necesitas, cuando es importante y crucial su presencia, nadie está ahí. Sólo tú y tu oscuro reflejo. Sólo tú. Y no importa. Nunca ha importado, ni importará. A nadie. Ni siquiera a ti. Te acostumbras, te adaptas a tu rutina, te habituas a ver girar la misma rueda una y otra vez, a estar enganchada en esa noria, a ver como todo da vueltas sin cesar. Te aclimatas a que todo escape a tu control. Pero no pasa nada. Porque cuando necesites reír, cuando necesites salir de tu burbuja, seguirás estando sola. Reirás, cantarás y dormirás sola. Vivirás sola. Por mucha gente que te rodee. Por muchas personas que te importen. Por muchos seres a los que les importes. Para lo que de verdad cuenta estás sola. Y debes acostumbrarte. Debes aceptarlo. Si no puedes llevar tu vida sola, si no puedes controlarla, no la vivas. No sirve de nada. Esto te queda grande. Recuérdalo la próxima vez que tus lágrimas frías rueden por tus mejillas, mojen tu almohada, aprisionen tu corazón o te hagan arder las entrañas. Aquí dentro, en tu pequeño mundo de inseguridad y sensaciones muertas sólo estás tú, y sólo están tus lágrimas.
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martes, 27 de marzo de 2007

Mis días de verano...



La tranquilidad se respira. El silencio desde el otro lado de la pared se puede palpar. El sol se adentra en la habitación, trae consigo la suave brisa de las tardes de verano. El aire cálido y tenue mece lentamente las cortinas violáceas que cuelgan laceas desde el techo. Aquí, sentada en este sillón, el tiempo se detiene. Aquí el mundo deja de actuar. El destino hace sus maletas y marcha a otro lugar. Aquí sólo quedamos los recuerdos merodeando, el disco rodando, la música sonando y yo pensando. Tu presencia sigue aquí después de tantos años. Te siento cerca. Vienes con el viento, desciendes desde el cielo con los rayos del sol, juegas con los visillos y acaricias suavemente lo que dejaste, lo que abandonaste tiempo atrás. Las agujas del reloj se detienen, nadie pasa por la calle, no se oye nada en la lejanía. Sólo la música suena, sólo el viento susurra, los versos de canciones que me traen recuerdos del ayer. Recuerdos de ti, de mi, del mundo que poseía, de la felicidad que creía controlar. Cierro los ojos y sonrío levemente al pensar que cualquier día de estos todo podría empezar. Sería tan grato, tan oportuno, volver atrás, retroceder y cambiar lo que hicimos mal. El cabello se mueve de un lado a otro, lo toco, juego con él, tal y como hacías tú. Hoy estás más presente en mi que nunca. Hoy veo la tranquilidad volver junto a mi. No hay temor, no hay rencor, no hay agonía ni desesperación. No pienso, no actúo ni finjo, no disfrazo la realidad ni oculto la verdad. Hoy la única verdad es que me siento bien. Estoy vacía de todo sentir, cansada de todo soñar, estoy sin estar. Y sin embargo, me siento bien, sonrío y veo pasar miles de imágenes ocultas entre las cortinas. El tiempo no corre. Es perfecto. Porque aunque afuera la vida siga su rumbo, yo sigo aquí adentro, encerrada en estas cuatro paredes. Pero ya no se me caen encima, ya no retumba el tic-tac del segundero en mi cabeza. Ahora todo está bien y, aunque no sea real, prefiero pensar que puede ser así siempre. Que cada día de verano, puede ser un día igual, triste, monótono y tranquilo. Días como este me ayudan a continuar. Días como este son los que me sientan bien. Estos son mis días de verano.
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miércoles, 14 de marzo de 2007

Ojos de niña



¿Por qué lloran, niña, tus ojos de cristal?
Se derriten, se escapan, se rompen y se derraman.
¿Qué les pasó a tus ojos verdes?
Verdes como la esperanza que debiera brillar en ellos.
¿Cuándo perdieron su azul eterno?
En ellos hubo en su día el más valioso pedazo del cielo.
¿Dónde quedaron sus reflejos escarlatas?
Aquellos que brillaban como roja llama.
¿Qué fue de su radiante dorado?
A su lado el sol estaba apagado.
Dime, niña¿Qué paso con los lirios que tan celosamente guardaban?
Antaño florecían en su esplendor morado.
Di, pues, pequeña, ¿Qué te robó la alegría de vivir?
¿Quién se cobró tus ganas de reír?
¿Cuándo tus ojos se convirtieron esclavos de la penumbra y la ceguera?
¿Cuando te rendiste y caíste como alma en pena?
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domingo, 11 de marzo de 2007

"Far Away From The Memories"



Hoy...es exactamente igual que ayer. Sigo esperando tu llamada. Escuchando la misma canción. Sentada en el mismo sofá de ayer, viendo exactamente el mismo programa, el mismo vídeo. Y me acuerdo de ti. Tengo el móvil entre mis manos, para saber enseguida si me vas a llamar, y observo fijamente la pantalla, las luces que se mueven, la melodía que envuelve todo el ambiente. La misma escena, justo la misma escena de ayer ¿Coincidencia? No sé por qué, pero me da la impresión de que trato de buscar tu mirada entre las de la gente. Y miro fijamente la pantalla por si sales. Que absurdo, ¿no? esperar encontrarte dentro de un vídeo que ni siquiera conoces. Los versos salen suavemente de la boca del cantante, los traduzco instantáneamente en mi cabeza, rebusco entre mi razón el motivo por el que espero que me llames. ¿Qué quiero que me digas? ¿Qué espero oír de ti? Hace tantísimo tiempo que olvidé como suena tu voz... ¿Por qué llevo los últimos días aquí plantada, frente al televisor, inmóvil y escuchando las mismas canciones que me recuerdan a ti? Resuenan las palabras dentro de mi, tarareo la melodía suavemente mientras contemplo como el móvil sigue sin sonar. ¿Por qué soy tan estúpida? ¿Qué me hace pensar que sólo con llamar van a cambiar las cosas? Creo que lo único que quiero es recordar, oír tu voz después de tanto tiempo. Quizás eso me ayude a entender por qué diablos no estás aquí. Es increíble la de vueltas que se le dan a las cosas sin mediar palabra. ¿De qué me sirve comerme la cabeza? Nada va a cambiar, no después de tantos años...
-But, i'll never let you go if you promise not to fade away, never fade away...♫- Creo que dejaré estar el móvil, me daré una ducha fría y pondré esta canción a tope hasta que me revienten los tímpanos de tanto escucharla... No voy a esperar más llamadas que sé que no se producirán.
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viernes, 9 de marzo de 2007

...Golden Clouds...



Suspiros. La suave brisa juguetea con mi pelo mientras acaricia cada parte de mi cuerpo suavemente. Fresca, limpia y salada, mece lentamente las briznas de hierba que se aprecian entre las rocas. El agua, azul y cristalina, baila a su son con gran parsimonia, creando una danza única, rompiendo ligeramente contra los escollos. Aquí, sentada sobre el cantil, arropada por un mar de pedruscos incrustados en la mar, observo el amanecer en la abadía. En el horizonte se pierde la línea divisoria que separa el mar del firmamento. Una profunda escala de tonos entre el celeste y el índigo, con ligeros toques rosados y nubes doradas se confunde entre la realidad estelar y el reflejo marítimo. Las aguas se mueven, lenta y copiosamente se deslizan por el fondo del arrecife, claras y transparentes, dejando ver todo su esplendor. Aquí el tiempo parece detenerse, todo está en calma, todo está bien. Aquí sólo estamos el viento, las olas y yo. El cielo, el mar y estas nubes doradas que me recuerdan que no estás. Pero extrañamente hoy no me duele pensar en ti. Hoy me siento bien, aquí, sola, sentada y contemplando un nuevo alborecer. Ahora respiro el aire limpio del mar abierto, dejo mi mente en blanco y me limito a observar como la oscuridad se va, el oleaje cesa su actividad; hoy veo las nubes que ayer fueron negras volver de color dorado. Hoy contemplo en silencio el sol salir porque, aunque no salga en mi interior, aunque no estés aquí conmigo, el mundo continua girando, el viento sigue soplando, el mar nunca se extingue y el sol sigue saliendo día tras día. Hoy simplemente observo lo que espero que ocurra dentro de mi corazón, miro triste y lánguidamente lo que anhelo con todas mis fuerzas y con toda mi razón. Hoy no pienso atender a razones, hoy puede desgarrarse el cielo, puede caerse el mundo por un gran barranco...hoy simplemente, quiero ver como el sol torna el cielo de un color gualdo y pajizo.
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jueves, 8 de marzo de 2007

Hoy...



Hoy las nubes oscuras cubren el cielo. La lluvia cae sin cesar al otro lado de la ventana, de esta triste, fría y solitaria ventana. Tan triste como todos los días oscuros, tan fría como todos los días de Enero, tan solitaria como todas las mañanas vacías y sin sentido. ¿Qué hago yo aquí? Contemplo el firmamento, oscuro, tenebroso y chispeante; espero sentada a cada gota que cae desde lo más alto hasta que llega a mi ventana. Aquí sentada sigo esperando. ¿Y para qué? Para no dejar de ver la lluvia caer, para contemplar las nubes cubrir el techo azul, para ver pasar los días de invierno una y otra vez tras el cristal de esta gran ventana, para que los trescientos sesenta y cinco días del año sean los que faltan en mi calendario sin Diciembre. Espero que vuelvas, y que traigas contigo el invierno que me robaste. Quiero que me traigas los meses de Diciembre para poder salir de aquí y ver el sol de nuevo.
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jueves, 22 de febrero de 2007

You Still Here With Me...



No me apetece nada, simplemente desaparecer un buen rato y olvidarlo todo. Necesito olvidar toda esta mierda. Odio estar así, odio que se me acerquen con buenas intenciones, odio que hagan como si no pasara nada, odio su ignorancia, odio que intenten ayudar sin saber nada, odio sentirme tan inútil, odio no saber qué hacer, odio no confiar en nadie, odio no poder mirarte a la cara y odio odiarme a mi misma de esta manera. ¿Y qué si me harto de todo? ¿Y qué si me doy por vencida? ¿Acaso importa lo que yo haga? ¿Acaso te interesa como me sienta? Sólo quiero que me dejes en paz, no quiero verte nunca más. Sé que no vas a volver, sé que nunca lo harás, que ni siquiera quieres hacerlo. Entonces, ¿por qué me atormentas? ¿Por qué no desapareces de una vez? Te gusta verme así, te gusta sentir compasión, te gusta avergonzarte de lo que soy. Pues esto es lo que hay, esto es lo que dejaste y esto lo único que queda después de tanto tiempo. Tú te fuiste y yo me quedé, y por más que te he pedido que vuelvas no lo has hecho. Tú me abandonaste y no te dolió lo más mínimo, ¿por qué entonces ahora vuelves? ¿Qué diablos sacas con hacerme daño? Todo está perdido, no queda nada de valor, ya no tengo por lo que luchar, y tú vuelves y me hundes una vez más. Lo daría todo por volver atrás, por intentarlo de nuevo y empezar desde cero. Pero no puedo, no puedo devolverle las horas a tu reloj, ni puedo devolverle las hojas al calendario de mi pared. El tiempo lo cambia todo, lo pudre todo, y lo entierra todo...pero no lo cura, porque tú sigues aquí, estás dentro de mí aún habiendote marchado. Y me duele, me duele porque no logro olvidar ni librarme de ti. Ya nada es igual, miro en todos los espejos buscándote pero no estás, nunca volverás a estar. Y yo lo acepto, me resigno a que todo se ha perdido. Pero necesito que tu recuerdo me suelte porque sólo me carga con más peso del que puedo soportar. No quiero seguir contemplando la vida como si no me importaras, no quiero seguir haciendo como si nunca hubieras estado, no puedo seguir viendo como faltan los meses de diciembre en mis calendarios.

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domingo, 11 de febrero de 2007

Hoppipolla

Sigur Ros - Hoppipolla



Brosandi
Hendumst í hringi
Höldumst í hendur
Allur heimurinn óskýr
nema þú stendur

Rennblautur
Allur rennvotur
Engin gúmmístígvél
Hlaupandi í okkur ?
Vill springa út úr skel

Vindur í
og útilykt ? af hárinu þínu
Ég lamdi eins fast og ég get
með nefinu mínu
Hoppa í poll
Í engum stígvélum
Allur rennvotur(rennblautur)
Í engum stígvélum

Og ég fæ blóðnasir
En ég stend alltaf upp
(Hopelandish)

Og ég fæ blóðnasir
En ég stend alltaf upp
(Hopelandish)


Uno de mis vídeos favoritos. Realmente precioso. Creo que hay pocas cosas que me causen la misma sensación que este vídeo despierta dentro de mi. Hay tantas maneras de verlo, oírlo e interpretarlo. Es único. Puede que para algunos sólo quede en una típica e irónica crítica de la vida actual y el mundo en el que vivimos, dónde los niños cada vez crecen más deprisa y los adultos desean volver a sus tiempos "mozos". Para otros, puede ser una simple opción hacia los ancianos que están en edad de hacer y pensar lo que quieran, de remolonear en la cama, dar largos paseos por el parque o ir diariamente a la playa, sin horarios ni obligaciones. También se puede interpretar más crudamente, como si demostrara que por muy adultos que parezcamos, o por mucha madurez que nos atribuya nuestro DNI, los problemas los creamos en nuestra propia ignorancia, en nuestra ceguera, y que los grandes conflictos vienen de esa misma ignorancia, de esa absurda y tan arraigada capacidad de no ver lo obvio. Es como retratar gráficamente que cualquier conflicto, sea cual sea, viene y se va por y para una pérdida de tiempo.

Aun así, yo prefiero recurrir a la más romántica de todas, y puede que no sea únicamente mía. Este vídeo significa y representa tanto porque demuestra que por mucho que se deba luchar, por mucho que se tenga que pasar, uno debe tener claro un objetivo para, como dice la traducción del estribillo, "levantarse con la nariz sangrando" y quizás, buscar alguna que otra sonrisa. Creo que esta no es sólo la más romántica en sí, sino la más optimista de sus interpretaciones, y creo que a más de uno le gusta recurrir a estas pasteladas en momentos difíciles. Quizás, sólo quizás, sea por ello por lo que este vídeo me recuerda a ciertas personas que me ayudan a mantener los pies en la tierra y la mente serena cuando todo parece escapar de mis manos. Quizás sea por esto por lo que me gusta tanto, como me emociona.

Traducción al inglés:
Smiling
Spinning 'round and 'round
Holding hands
The whole world a blur
But you are standing

Soaked
Completely drenched
No rubber boots
Running in us
Want to erupt from a shell

Wind in
Aand outdoor smell of your hair
I hit as fast as I could
With my nose

Hopping into puddles
Completely drenched
Soaked
With no boots on

And I get nosebleed
But I always get up
(Hopelandic)

And I get nosebleed
But I always get up
(Hopelandic)
||_†τåммч†_||

sábado, 20 de enero de 2007

Bajo La Lluvia de Diciembre...

Era un sentimiento extraño. Una situación del todo inusual, difícil de expresar con palabras. Mientras charlábamos de trivialidades, mientras oía después de tanto tiempo su voz de nuevo, yo miraba hacia el ventanal del local. Estaba frío por el contraste de temperaturas, al otro lado la lluvia incesante caía abundantemente sobre el cristal, difuminando las luces de los coches, los contornos y figuras de afuera, creando diminutos rios que caían rápidamente hacia abajo. Y entre esos ríos, entre esas gotas de agua uniéndose entre ellas, veía mi reflejo, con una mirada extraña, una expresión que no reconocía en mi. Y a él. Le veía ahí, sentado frente a mi como antaño, conversando tranquilamente e intentando recuperar el tiempo perdido. Nos veía como años atrás, en la cafetería del campus, hablando sobre las clases y comparando nuestras notas a ver quien superaba a quien.
Era extraño. Lo miré a los ojos y veía la misma luz que cuando era un joven soñador de apenas 19 años, todas aquellas expectativas de futuro, sus sueños, sus esperanzas... Su expresión no había cambiado, ni su forma de hablar. Seguía exactamente igual. Era una situación única, es lo que todos esperamos cuando vemos las viejas fotografías de tiempos mejores. Nos sentamos a contemplarlas esperando que cobren vida, que todo vuelva a ese mismo instante que quedó inmortalizado y revivir los buenos momentos. Recordé que hacía años que no miraba nuestras fotos, con todos los amigos, compañeros y profesores; y ahora lo tenía frente a mi de nuevo. Sentía como si me hubiera metido dentro de esas fotografías, como si hubiera viajado hacia atrás en el tiempo y siguieramos comentando la clase de filosofía en aquella cafetería, ahora vieja. Pero el cristal no podía mentirme, yo había cambiado, ya no era la misma, y me producía un profundo dolor ver que todo por lo que luché ahora carecía de importancia. Miré mi café, estaba frío y a medias. Llevabamos horas hablando, y no habíamos pasado del tiempo y de como han cambiado las cosas. Y entonces surgió, como una bocanada, de mi boca las palabras que lo cambiaron todo.

-¿Recuerdas...aquel día en la cafetería?-no podía apartar la vista del café, reflejando mi mirada cansada- También llovía a cantaros, y nos picabamos con las notas, a ver quién sacaba mejor puntuación. Nos pasamos una semana estudiando sin parar y luego... Montoya, creo, nos superó a los dos de mucho...-reía levemente, debía de parecer tonta...no sé por qué pero tenía ganas de llorar.

-Si, lo recuerdo...Al final nos reímos de lo lindo. -hizo una pausa y su expresión cambió por completo, luego se me quedó mirando-¿En qué piensas?

-En que te veo exactamente igual, pero yo...-mis manos temblaban mientras acariciaba la taza con las yemas de mis dedos, mientras un sentimiento de nostalgia me apretaba el pecho con fuerza y mis palabras se perdían en mi cabeza-Ha pasado tanto tiempo...que ahora todo es diferente. Soy diferente.

-¿Bromeas?-se burló con gracia-Estás exactamente igual que cuando venías cansada de estudiar noches enteras...-me regaló una tierna sonrisa y puso su mano sobre la mía, haciéndo de hermano mayor, como siempre- ¿De qué estás cansada ahora?

-De todo un poco, supongo...

Y empezamos a hablar más animadamente, me sacó una enorme sonrisa y recordamos a todos, y todos los momentos con ellos, en el campus, en clase, de marcha... Me hizo olvidar el presente por un rato, retroceder y sonreír como antaño. Me ayudó mucho más de lo que él cree. Pasamos horas y horas recordando, y al final, cuando se marchó, volví a mirarme en el cristal. Seguía lloviendo a cántaros, la ciudad, las calles, los coches, todo se veía borroso y oscuro bajo la ténue luz de la luna. Pero entre los diminutos ríos de agua, vi en mi reflejo la persona que un día fui, y sonriendo como nunca salí de la cafetería sin abrir el paraguas. Tal y como antes.

||_†τåммч†_||