sábado, 20 de enero de 2007

Bajo La Lluvia de Diciembre...

Era un sentimiento extraño. Una situación del todo inusual, difícil de expresar con palabras. Mientras charlábamos de trivialidades, mientras oía después de tanto tiempo su voz de nuevo, yo miraba hacia el ventanal del local. Estaba frío por el contraste de temperaturas, al otro lado la lluvia incesante caía abundantemente sobre el cristal, difuminando las luces de los coches, los contornos y figuras de afuera, creando diminutos rios que caían rápidamente hacia abajo. Y entre esos ríos, entre esas gotas de agua uniéndose entre ellas, veía mi reflejo, con una mirada extraña, una expresión que no reconocía en mi. Y a él. Le veía ahí, sentado frente a mi como antaño, conversando tranquilamente e intentando recuperar el tiempo perdido. Nos veía como años atrás, en la cafetería del campus, hablando sobre las clases y comparando nuestras notas a ver quien superaba a quien.
Era extraño. Lo miré a los ojos y veía la misma luz que cuando era un joven soñador de apenas 19 años, todas aquellas expectativas de futuro, sus sueños, sus esperanzas... Su expresión no había cambiado, ni su forma de hablar. Seguía exactamente igual. Era una situación única, es lo que todos esperamos cuando vemos las viejas fotografías de tiempos mejores. Nos sentamos a contemplarlas esperando que cobren vida, que todo vuelva a ese mismo instante que quedó inmortalizado y revivir los buenos momentos. Recordé que hacía años que no miraba nuestras fotos, con todos los amigos, compañeros y profesores; y ahora lo tenía frente a mi de nuevo. Sentía como si me hubiera metido dentro de esas fotografías, como si hubiera viajado hacia atrás en el tiempo y siguieramos comentando la clase de filosofía en aquella cafetería, ahora vieja. Pero el cristal no podía mentirme, yo había cambiado, ya no era la misma, y me producía un profundo dolor ver que todo por lo que luché ahora carecía de importancia. Miré mi café, estaba frío y a medias. Llevabamos horas hablando, y no habíamos pasado del tiempo y de como han cambiado las cosas. Y entonces surgió, como una bocanada, de mi boca las palabras que lo cambiaron todo.

-¿Recuerdas...aquel día en la cafetería?-no podía apartar la vista del café, reflejando mi mirada cansada- También llovía a cantaros, y nos picabamos con las notas, a ver quién sacaba mejor puntuación. Nos pasamos una semana estudiando sin parar y luego... Montoya, creo, nos superó a los dos de mucho...-reía levemente, debía de parecer tonta...no sé por qué pero tenía ganas de llorar.

-Si, lo recuerdo...Al final nos reímos de lo lindo. -hizo una pausa y su expresión cambió por completo, luego se me quedó mirando-¿En qué piensas?

-En que te veo exactamente igual, pero yo...-mis manos temblaban mientras acariciaba la taza con las yemas de mis dedos, mientras un sentimiento de nostalgia me apretaba el pecho con fuerza y mis palabras se perdían en mi cabeza-Ha pasado tanto tiempo...que ahora todo es diferente. Soy diferente.

-¿Bromeas?-se burló con gracia-Estás exactamente igual que cuando venías cansada de estudiar noches enteras...-me regaló una tierna sonrisa y puso su mano sobre la mía, haciéndo de hermano mayor, como siempre- ¿De qué estás cansada ahora?

-De todo un poco, supongo...

Y empezamos a hablar más animadamente, me sacó una enorme sonrisa y recordamos a todos, y todos los momentos con ellos, en el campus, en clase, de marcha... Me hizo olvidar el presente por un rato, retroceder y sonreír como antaño. Me ayudó mucho más de lo que él cree. Pasamos horas y horas recordando, y al final, cuando se marchó, volví a mirarme en el cristal. Seguía lloviendo a cántaros, la ciudad, las calles, los coches, todo se veía borroso y oscuro bajo la ténue luz de la luna. Pero entre los diminutos ríos de agua, vi en mi reflejo la persona que un día fui, y sonriendo como nunca salí de la cafetería sin abrir el paraguas. Tal y como antes.

||_†τåммч†_||