viernes, 9 de marzo de 2007

...Golden Clouds...



Suspiros. La suave brisa juguetea con mi pelo mientras acaricia cada parte de mi cuerpo suavemente. Fresca, limpia y salada, mece lentamente las briznas de hierba que se aprecian entre las rocas. El agua, azul y cristalina, baila a su son con gran parsimonia, creando una danza única, rompiendo ligeramente contra los escollos. Aquí, sentada sobre el cantil, arropada por un mar de pedruscos incrustados en la mar, observo el amanecer en la abadía. En el horizonte se pierde la línea divisoria que separa el mar del firmamento. Una profunda escala de tonos entre el celeste y el índigo, con ligeros toques rosados y nubes doradas se confunde entre la realidad estelar y el reflejo marítimo. Las aguas se mueven, lenta y copiosamente se deslizan por el fondo del arrecife, claras y transparentes, dejando ver todo su esplendor. Aquí el tiempo parece detenerse, todo está en calma, todo está bien. Aquí sólo estamos el viento, las olas y yo. El cielo, el mar y estas nubes doradas que me recuerdan que no estás. Pero extrañamente hoy no me duele pensar en ti. Hoy me siento bien, aquí, sola, sentada y contemplando un nuevo alborecer. Ahora respiro el aire limpio del mar abierto, dejo mi mente en blanco y me limito a observar como la oscuridad se va, el oleaje cesa su actividad; hoy veo las nubes que ayer fueron negras volver de color dorado. Hoy contemplo en silencio el sol salir porque, aunque no salga en mi interior, aunque no estés aquí conmigo, el mundo continua girando, el viento sigue soplando, el mar nunca se extingue y el sol sigue saliendo día tras día. Hoy simplemente observo lo que espero que ocurra dentro de mi corazón, miro triste y lánguidamente lo que anhelo con todas mis fuerzas y con toda mi razón. Hoy no pienso atender a razones, hoy puede desgarrarse el cielo, puede caerse el mundo por un gran barranco...hoy simplemente, quiero ver como el sol torna el cielo de un color gualdo y pajizo.
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