domingo, 3 de febrero de 2008

Broncas y encuentros

Chloe caminaba apresuradamente con el ceño fruncido, arrastrando por una de las asas la maleta del colegio, que daba tumbos por el suelo. Esta vez el asunto había llegado demasiado lejos. Marie se había pasado con ella, y, para colmo, Lucy volvía a darle la razón. Estaba tan enfadada con ellas que a duras penas le entraba en la cabeza que aquellas dos fueran sus hermanas, aunque muchas veces había pensado que era adoptada. Definitivamente, chocaba en todo con sus hermanas. Físicamente no se parecían en nada: Lucy tenía una maravillosa melena rubia rizada, de un color tan claro y brillante que dolía verlo bajo el sol de verano; Marie, en cambio, tenía el pelo algo más oscuro y largo, con reflejos cobrizos probablemente heredados de la abuela Margaret y amplias ondulaciones. Ella no. Tenía un castaño bastante oscuro, y como siempre lo había llevado muy corto, ni siquiera sabía si lo tenía rizado, liso u ondulado. Además, sus hermanas tenían ambas los ojos azules y la tez muy clara, ella los tenía verdes y era de piel más oscura. De todos modos, no le sorprendía demasiado, sabía que en su familia había muchísima mezcla, pues tenía familiares de todo tipo y de varios rincones del mundo. Pero sin duda en lo que eran más diferentes era en el carácter y en la personalidad. Lucy y Marie siempre estuvieron muy unidas, desde muy pequeñas, igual por el hecho de llevarse sólo un año y medio, o quizás por que eran tal para cual: unas irresponsables entrometidas que sólo pensaban en divertirse y en acumular una larga lista de chicos esperando en su puerta. Chloe siempre fue más independiente e introvertida, algo inaccesible por su carácter fuerte y su tendencia a desconfiar de la gente. Definitivamente, eran incompatibles en todo, no tenían nada en común, exceptuando sus apellidos y cierta información genética.


Al final, de tanto darle vueltas al asunto, a la pobre se le pasó el enfado y se quedó completamente exhausta después de haber descargado tanta adrenalina. Se paró en seco frente al parque y se quedó mirando a lo lejos. Siempre pensó que, al menos desde la entrada, el parque parecía no tener fin. Hacía años de aquella noche que pasó entre esos árboles, la noche en que para ella todo cambió, simbólicamente claro. La única diferencia notoria había sido el paso del colegio al instituto, más que nada porque ahora tenía que caminar más para ir y volver de casa a clase. Decidió entrar y quedarse un rato por allí leyendo o dibujando, pero estaba tan a gusto que al final acabó haciendo todas las ecuaciones que le habían mandado y los ejercicios de lengua. Cuando terminó cogió su libro favorito y se puso a leer, aprovechando que los días eran más largos y que aún le quedaban unas horas de sol. Sus tripas rugían de vez en cuando, molestas por lo abandonadas que las tenía, pero aún no quería volver. Se quedó allí sola, leyendo cómo Carolina, la protagonista de su libro, andaba entre los árboles de un frondoso bosque esperando la llegada de su tan esperada cita. Así fue como se encontraron. La primera vez que el uno reparó en el otro fue en aquel parque de hermosas secuoyas, ella leyendo el que consideraba el "capítulo más pasteloso y patético de su mejor libro" y él mirándola fijamente. Un encuentro parecido al de Carolina, como una extraña coincidencia, una especie de irónica suerte inesperada.[...]

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Continuará la semana próxima, probablemente.
Disculpas por no actualizar casi nunca, no tengo tiempo entre los estudios y el trabajo.
Gracias.

1 comentario:

..::SirgóboL::.. dijo...

Huala!

mola! quien es el?? que ocurre después?

misterio..

aver pa cuando la continuación =P


besoss wapaa^^