lunes, 17 de noviembre de 2008

La primera vez...


- Oye... ¿Recuerdas cuando nos conocimos?
- A duras penas, hace mucho tiempo, y sabes que lo mío no es la memoria, mi mente es un desván oscuro y desordenado... Como mi cuarto...
- Ya, porque eres un desastre... Pues yo lo recuerdo perfectamente, recuerdo hasta la ropa que llevabas, y los zapatos que calzaba yo...
- ¿Ropa y zapatos? Pues qué romántico, casi preferiría que tampoco lo recordaras...
- ... Recuerdo que hacía frío, había llovido toda la noche anterior, y el parque estaba enfangado, el tobogán y los columpios sucios... No podías dar un paso sin mancharte...
- Suponía que me ibas a soltar algo romántico, ¿dónde está tu romanticismo?

- ¡Calla, anda!... Recuerdo que yo iba hecho un gitanillo, mi madre me puso la ropa más vieja y desgastada que tenía para no estropear nada, pero no pudo evitar que me pusiera mis zapatos favoritos.
- Dato importante, el de los zapatos...
- Déjame acabar... El caso es que yo iba con mucho cuidado de no mancharme mis zapatitos nuevos de marca, pero llegaste tú de algún evento familiar importante, ibas de punto en blanco, y al verme jugar viniste corriendo a jugar conmigo, sin conocerme de nada.
- Yo siempre tan abierta a los psicópatas desconocidos...
- ¡Ee no te pases! El caso es, que entre que eres una patosa desde el día antes de nacer, y que uno de los lazos de tu precioso vestido se desató, te caíste al suelo de morros, enfangándote hasta las orejas. Mira, como niño travieso que era me reí muchísimo, hasta que me di cuenta de que estabas llorando, muerta de vergüenza y asco. Me sentí muy mal...
- No tienes corazón...
- Si, bueno... El caso es, que no se me ocurrió nada mejor para hacerte sonreír que ponerme a dar saltos de charco en charco, hasta que acabé de barro hasta las cejas, di mil volteretas, me tiraba al suelo, cogía hojas y palos y los tiraba después de guarrearlos...
- Lo que yo te decía, eres un cerdo psicópata sin corazón.
- Di lo que quieras, pero al final te reíste como una condenada y nos pasamos las dos mejores horas de mi vida jugando y riendo. Después, cuando volví a casa, esa misma noche me fui a la cama con el culo más rojo que un tomate, y con los zapatos mojados en la ventana, a ver si se secaban, pero volvió a llover. Esa noche no lloré aunque mi madre me metió una buena tunda, miraba el parque por la ventana, como le caía el agua y se embarraba de nuevo, y lo único que me apetecía era jugar contigo, volver a mancharme los zapatos, aunque tuviera que acabar con el culo morado.
||_†τåммч†_||

1 comentario:

..::SirgóboL::.. dijo...

ostiás ostiás

a malaga??? quiente ha invitado? vas seguro?? puedes traerte a antoninus?? O_O


siiii