viernes, 18 de febrero de 2011

Epístola

Querido Andrés...

Ciertamente, ha pasado ya mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. He de reconocer que ya apenas te recordaba, y lo lamento. Pero es cierto que en su momento me hiciste mucho daño, y espero que entiendas el inmenso esfuerzo que tuve que hacer para superarlo y seguir adelante. Me costó lo mío, pero tal como me dijiste, soy fuerte, y pude reponerme no sin sufrir lo indecible.
Ahora mismo, me es imposible decir porqué me enamoré de ti, que es lo que vi en ti ni por qué llegué a pensar que podría ser feliz a tu lado. Estaba dispuesta a dártelo todo, y a lo grande, sin
peros y sin miramientos: todo. Con el tiempo, a medida que lo superas y los sentimientos se disipan, ves las cosas de otro modo. Hoy puedo decir con seguridad que hubiera sido un gran error darte todo mi amor, mi cariño y mi ser a ti, y seguramente hoy no sería más que un despojo, los restos de la persona que una vez fui, completamente desecha por haber entregado mi ilusión y mi vida a alguien que no lo merecía. No me mal interpretes, sé que puede sonar rencoroso, pero no es así, lo juro. No te guardo rencor, puede que incluso te recuerde con algo de ternura, porque realmente mis sentimientos hacia ti siempre fueron sinceros y, sobre todo, inocentes. Me costó aceptarlo y asimilarlo, y me dolió mucho. Sufrí. Pero ahora veo que fue para bien. Ahora soy más fuerte, aprendí de los errores, y lo que es mejor: encontré un amor de verdad, de los buenos, de los que sientes dentro de ti con la fuerza de un huracán, pero que no te ahogan como cuando te quise a ti. He encontrado un buen hombre, me ha dado felicidad, amor, una vida plena y satisfactoria, y lo que es mejor: me ha regalado lo más preciado del mundo, Raulito, mi hijo.
No te voy a mentir, no deseo que las cosas hubieran sido diferentes entre tú y yo. Y leyendo tu carta, comprendo lo que te ocurre. Después de tus últimos desengaños amorosos, en los que tú has sido el dolido, el humillado, el abandonado... después de estar en mi lugar me has comprendido al fin. Después de estos años has apreciado el valor del amor que te ofrecí. Realmente tienes razón, hubieras sido más feliz conmigo que con ninguna de ellas. Pero a mi no me quisiste entonces, y ahora desde luego, yo no te quiero.
Te diría con la mano en el corazón que podríamos ser amigos, pero dudo que fuera posible. No recuerdo muchas virtudes tuyas, y no quiero que suene a reproche, pero ahora, sin estar cegada por unos sentimientos desbocados, creo que no hay nada compatible entre nosotros, ni siquiera para una simple amistad.

Me apena tu situación, y de verdad deseo que lo superes y encuentres alguna vez el amor de verdad. Ojalá encuentres a una mujer que te quiera y quiera entregártelo todo, como yo quise una vez, y ojalá sepas verla a tiempo, la reconozcas como la mujer de tu vida y no cometas los errores del pasado, de la juventud. Cuando la encuentres no la dejes escapar,
creeme, vale la pena.

Cordialmente, Carla.


Biffy Clyro - Machines
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2 comentarios:

S. Murain dijo...

ostiás, sabes que me veo escribiendo esta misma carta dentro de un tiempecito?? xD me ha gustado, me siento identificado

Tammy Suárez dijo...

Creo que es algo que pasa demasiado amenudo, no saben reconocer lo que tienen delante hasta que lo han perdido y vuelven con el rabo entre las piernas llorando...es una lástima, ellos/as se lo pierden!;D